domingo, 30 de agosto de 2009

Tú, aunque no te lo creas.


Tú me enseñas a crecer de nuevo, porque se supone que ya he crecido. Tú me enseñas a redescubrirme, porque yo era tú. Me enseñas a rescatar la ilusión, la niñez, la adolescencia, pero con madurez; lo que yo era pero pensaba que ya no estaba. Pues sí, sí que estaba, de hecho, nunca se había ido. Pero la vida es así: nos empezamos a hacer cargo de nuevas responsabilidades y a veces perdemos la perspectiva. Perdemos la frescura, la naturalidad, los sueños quedan en un segundo plano. Esos sueños que a ti te salen por los poros, que yo un día tuve y que ahora parece que ya no quiera luchar por ellos... (sólo lo parece, pero no es así).

Me reflejo en ti de una manera tan increíble, que a veces asusta. Yo una vez fui tú, con las mismas inquietudes, mismos gustos, mismas fases. Me haces ver que los años pasan, pero me haces ver que el hecho de que pasen no es malo. Gracias a ti, poco a poco recupero esa frescura, naturalidad, esos sueños.

Tú me has hecho rescatar todo eso. Has entrado en mi vida poquito a poco, mientras yo he entrado en la tuya como un torbellino, arrasando, robando tu espacio... Lo siento.

Ya te quiero, pero se que te querré mucho más.

No hay comentarios: