Echo la vista atrás recordando cosas que he hecho en la vida, actitudes que he tomado en ciertos momentos y no me reconozco. Eso se llama madurez. Y joder, a mi la madurez... pues me da la sensación de que me llegó de golpe y me ha hecho cambiar bastante. Eso no me acaba de gustar del todo, pero es curioso. La sensación de recordar momentos y ver en ti una persona muy diferente a la que eres ahora, es curioso.
Es curiosísimo como un dedo del pie de Chloe es exactamente igual al mismo dedo del pie de su padre. La genética. Curiosa y caprichosa.
La sensación de conocerte tu ciudad como la palma de tu mano. Bueno o conocerla a la perfección, porque yo la palma de mi mano no la conozco del todo, sinceramente. O el notar cómo tus amigos y tú habláis igual o acabas cogiendo muchas costumbres y expresiones de tu pareja. Curiosa la risa de algunos, el parecido físico tan increíble entre dos personas sin tener nada que ver, el pasar del llanto a la risa o viceversa en un segundo, el que la realidad supere a la ficción, el crear un personaje y lograr sentirte en su piel. El amor. La vida misma. Los seres humanos.
Tú y yo. Más curioso que eso no hay nada. Y más bonito tampoco.
Aunque quiera hablar de cualquier otra cosa, al final acabo hablando de ti. (Eso no es curioso, eso es amor)
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