El nesquik de fresa, los pop-tarts, Tompy, Cantando bajo la lluvia... me trasladan a mi infancia llena de fantasía, de sueños, de poder ser quien quería, de saber que mi mente podía hacer que viajara al país de las maravillas y llegara antes que Alicia.
Las orquídeas me recuerdan a mis abuelos. Es el regalo de aniversario de mi abuelo a mi abuela de toda la vida, y llevan más de 50 años juntos. Las orquídeas son el amor eterno. Cuando veo una, veo los ojos de mi abuelo mirando como un adolescente a mi abuela y diciéndome sin quitar la vista de ella: "mira qué guapa es". Cada vez que veo una orquídea, me acuerdo de que eso que yo quiero, es posible.
El otro día entré en un ascensor que olía a Issey Miyake. Todavía no me creo el viaje de recuerdos que me pegué. Un viaje de años y años, horas y horas juntos. Viajes y viajes, besos y besos. Recuerdos y más recuerdos maravillosos del tiempo que compartimos y lo divertido que fue. Y cómo crecí contigo. Y cómo aprendí contigo. Gracias Rey.
El color verde me trae también muy buenos recuerdos. Pero no un verde cualquiera. Nosotras sabemos qué verde. Y nosotras sabemos lo que hubo, lo que hay y lo que queremos que haya. Y sabemos que no será como fue, pero que lo que fue, fue una aventura que ya quisieran muchas amigas. El verde no es de esperanza. Es de sueños rotos, pero mucho amor que cura el dolor.
Las vías del metro me trasladan a NY. Porque me pasaba una gran parte del día viajando en metro. Comía en el metro muchas veces para poder llegar a clases de claqué. Y miraba fijamente las vías para ver cuántas ratas conseguía ver antes de que llegara el tren. y cuando las veía no hacía gestos de asco. Sonreía y decía: estoy en NY. Vivo y estudio en NY. Soy feliz.
Si paso por la calle Velarde... se me hace un nudo en el estómago, se me encoge el corazón y se me aguan los ojos. Todo a la vez, sí. Porque la calle Velarde fue nuestra casa durante muchos años. Porque no había móviles. Simplemente sabíamos cuándo aparecer por allí. En esa calle bailé, besé, me emborraché, te cogí de la mano, corté con un chico (pero no cualquier chico), reí como nunca, mis amigos me defendieron como nadie lo ha hecho. En esa calle comenzaron nuestras vidas. Éramos libres.
El sushi: tú y yo.
La calle Pontejos: amistad + nido de amor
Toledo: un secreto
Origin of love: la banda sonora de nuestra historia
Me gusta recordar con los sentidos.

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